La enfermedad no privará a la infancia de su condición y el deporte es la actividad capaz de lograrlo. En este principio podría resumirse la filosofía de la Fundación Cesare Scariolo. “Nuestra función es que se sientan más niños y menos pequeños enfermos”, asegura su presidente, Sergio Scariolo.
A nadie se le escapa de que hablamos del seleccionador nacional de baloncesto. Su padre da nombre a este colectivo sin ánimo de lucro que trabaja en pro de los niños y niñas con enfermedades oncológicas. Especialmente, linfoma y leucemia. Fue esta última la que se lo arrebató.
Ya colaboraba con diferentes organizaciones antes de crear la suya. Pero, “empecé a tener gente que me decía que tenía que bajar yo directamente a la cancha”. Eso hizo, teniendo claro que el juego tenía que ser muy limpio. La transparencia es obsesión.
“La relación entre ingresos y acción es clara y evidente”, afirma. El 95% de sus ingresos sufragan su labor. El porcentaje restante sustenta la infraestructura “sobria y escueta” que gestiona su gerente, Pilar Ponferrada. Además, la labor es cercana, en la provincia, donde financian estancias de familias en pisos cercanos a hospitales o garantizan que no les falte comida ni dinero para desplazamientos. Unas necesidades que ha agravado la crisis.
Los eventos deportivos ocupan la agenda de actividades. Un objetivo para el que la imagen pública de Scariolo desempeña un papel fundamental. Vecino de Marbella, donde reside con su familia, Scariolo reconoce los recelos que a veces generan las grandes galas solidarias marbellíes por su imagen superficial. “Son críticas que pueden tener su sentido pero no todas las generalizaciones aciertan con precisión. Conozco mucha gente desinteresada que ayuda sin aparecer”, añade.
Al final, de lo que se trata es de verles sonreír, resume su gerente que describe su felicidad al ver, por ejemplo, la ludoteca del Materno convertida en una cancha de baloncesto donde niños y niñas juegan y ríen. Porque no tiene precio.

Entrevista: Princesa Sánchez
Fotografía: Antonio Hurtado